LA MALDICIÓN DE LOS JUBILADOS

LA MALDICIÓN DE LOS JUBILADOS

Con el nuevo aumento del mes de marzo -y a pesar de las promesas del gobierno- los jubilados pierden nuevamente.

Por Gabriel Greizerstein*

El Derby County es un equipo inglés que nació en 1884 y jugaba en el County Cricket Ground, hasta que en 1895 se mudaron a un nuevo predio. En el lugar vivía una colectividad de gitanos que fue expulsada. Los gitanos lanzaron una maldición sobre el Derby County para que nunca ganara un trofeo. Al principio nadie le dio importancia, pero los carneros (con ese apodo se los conoce en Inglaterra) no paraban de perder finales y pasaron más de 50 años hasta que pudo conquistar un título.

Debemos empezar a preguntarnos por qué como país permitimos que se trate a los jubilados como una maldición.

Con el nuevo aumento del mes de marzo -y a pesar de las promesas del gobierno- los jubilados pierden nuevamente. Pierden contra la inflación y también contra la evolución de los salarios.

Los jubilados no tienen “mala suerte”, pierden contra la maldición de un gobierno tras otro que sin escuchar a los expertos, elaboran fórmulas de movilidad que prometen progreso pero solo terminan perjudicando el bolsillo de los adultos mayores.
Es una vergüenza, no hay otra forma de llamarlo.

Parece que en los meses de marzo, el gobierno se equivoca más que nunca. El año pasado generaron una distorsión importante, otorgando un 2.3% de aumento a todos los beneficios y $1.500 extra.

Este año, al aumento de 8,07% se le van a agregar dos bonos en los meses de abril y mayo de $1.500 cada uno para todos los jubilados y pensionados con ingresos de hasta $30.856. Estos bonos no pasan a formar parte del haber, y no se sabe si se van a repetir.

Lo relevante es la distinción entre beneficiarios que es como mínimo, preocupante.
Aquel que cobra una jubilación superior a los 30 mil pesos lejos está de ser un privilegiado y cobra ese monto porque hizo un esfuerzo contributivo mayor.

Nunca se van a terminar los juicios si seguimos haciendo de cuenta que la garantía constitucional de movilidad es una sugerencia.

Como dijo el ex-Juez de la Sala II de la Cámara Federal de la Seguridad Social Dr. Luis Herrero: “la reciente ley Nº 27.609 sobre actualización trimestral de las prestaciones de la seguridad social que alcanzará a 18.000.000 de beneficiarios del sistema contributivo y asistencial (casi la mitad de la población de la República Argentina), viola la garantía constitucional de movilidad -rectamente interpretada a la luz de la inveterada doctrina del Alto Tribunal de la Nación- y las razones por las cuales los convencionales constituyentes de 1957 la incorporaron al artículo 14 bis de la Ley Suprema, esto es: resguardar el poder adquisitivo de las “jubilaciones y pensiones” del incesante y deletéreo incremento del costo de vida. El mecanismo de actualización monetaria que contempla la ley 27.609 para las jubilaciones y pensiones del régimen contributivo, dada su flagrante inconstitucionalidad, promoverá la litigiosidad previsional (o la “industria del juicio”), e incrementará el enorme pasivo contingente que aflige al Estado Nacional desde hace décadas (deuda interna), el cual recaerá sobre las futuras generaciones de argentinos, junto a la deuda externa cuyo pago se postergó en la reciente renegociación con los acreedores externos, encabezada por el Ministro de Economía Martín Guzmán.”

Y para cerrar, quisiera recordar lo que ha dicho la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los considerandos del fallo “BLANCO, Lucio Orlando c/ANSeS s/reajustes varios”, caso en que el firmante es el abogado del Sr. Blanco: “Que, por último, cabe destacar que es precisamente en tiempos de crisis económica cuando la actualidad de los derechos sociales cobra su máximo significado. En tales etapas críticas, deben profundizarse las respuestas institucionales en favor de los grupos más débiles y postergados, pues son las democracias avanzadas y maduras las que refuerzan la capacidad de los individuos y atienden las situaciones de vulnerabilidad en momentos coyunturales adversos.”

Repito. Debemos empezar a preguntarnos por qué como país permitimos que se trate a los jubilados como una maldición.

*El autor de la nota es abogado previsionalista